Apuesta Arriesgada: Encuentro BDSM de Summer en Vegas
La apuesta
La sexy pelirroja Summer vino a visitarme a Las Vegas y quería probar suerte en el juego. Sin conocer las reglas y confiando en que yo le enseñaría… rápidamente ideé un juego del que no se iría tan fácil.
Le digo que voy a repartirle dos cartas al estilo Blackjack. El número que sumen será la cantidad de cuerdas con las que la ataré. Me mira con extrañeza.
—¿Que me van a atar? ¿Eso es parte del juego? —pregunta con inocencia.
Saco un billete de 100 dólares impecable. Le explico que si logra liberarse de esas cuerdas en 5 minutos, el dinero será suyo. Sus ojos brillan.
—¡Puedo hacerlo! ¿Qué tan difícil puede ser? —exclama entusiasmada.
—Tienes razón, Summer… fácil como un pastel… Pero… si no te liberas en el tiempo marcado, agregaré más cuerdas y te mantendré atada todo el día.
No parpadea ni una vez y observa con atención cómo barajo las cartas, obsesionada con los 100 dólares que cree que ganará.
Le reparto las dos cartas: un 2 y un 5.
—Entonces siete cuerdas.
—¡Genial! ¡El siete es mi número de la suerte! —dice sin pensarlo.
Agarro mi bolsa de cuerdas y saco siete trozos gruesos. Le digo que se quite los zapatos, revelando sus calcetines negros de gimnasio sudados… (Esos entrarán en juego más tarde). Tomo la primera cuerda y la uso para hacerle un crotchrope bien ceñido. Con la segunda, leato el torso. Me mira con duda. Luego, la hago subir al mostrador, donde uso todas las cuerdas restantes para atarla en un hogtie extremadamente apretado.
—¡Esto está demasiado apretado! —se queja—. ¡No dije que podías atarme así de fuerte! Tira de las cuerdas y se da cuenta de que puede ser más difícil de lo que pensaba. Le recuerdo que un trato es un trato y que tiene 5 minutos para escapar.
Al principio se estira lentamente, buscando cualquier nudo que haya dejado descuidado y que pueda soltar. Al no encontrar ninguno, comienza a forcejear y a moverse frenéticamente, tratando de liberarse. Las cuerdas apretadas son muy dolorosas, y pronto se calma de nuevo, intentado zafarse y quejándose de que no es justo.
Finalmente, el temporizador llega a cero y suena la alarma. No se ha liberado… ¡Así que ahora puedo atarla más! Me silba y grita, diciendo que hice trampa y que la suelte. Un trato es un trato, Summer. Desato la cuerda del hogtie y ella suspira aliviada. Luego, aprieto más la cuerda, arqueando su espalda en una curvatura más extrema, y la aseguro. Mientras grita, le quito los calcetines sucios y asquerosos de sus pies sexys. Los hago una bola y se los meto en su boca grande. Tomo cinta y le envuelvo la cara para mantener los calcetines sudados bien metidos en su mandíbula.
—Ahora sí. Calladita y quieta —me río. Está furiosa. Luego le pongo un antifaz, le ate los dedos gordos de los pies juntos y después los uno al antifaz. Ahora está completamente inmóvil y no puede moverse ni un centímetro. Gruñe a través de la mordaza y se sacude sobre el mostrador. La lección de hoy, Summer: un trato es un trato, y apostar no es inteligente cuando la casa pone las reglas.