Arte con Cuerdas: Los pechos de Vivica atados
Tortura de tetas atadas en el pozo del desespero
Vivica ya está arrodillada, firmemente atada con cuerdas en el hoyo, mientras deja escapar gemidos y gruñidos suaves intentando acomodarse. Sus grandes tetas también están firmemente sujetas, aplastadas una contra otra, intentando asomar por encima de las cuerdas y nudos restrictivos. El Cazador se inclina hacia ella diciéndole que calle, que sabe que le encanta, mientras extiende la mano hacia sus tetas confinadas y aplastadas, con una cuerda colgante en la otra mano. Incapaz de hacer mucho más que aceptar lo que él va a hacer, cambia su peso hacia adelante y se sienta más erguida sobre sus sucias rodillas. Tomando la cuerda colgante, comienza a pasarla a través de sus tetas atadas, pellizcando ligeramente su piel y provocando un quejido ocasional de la rubia caliente y curvilínea. Finalmente, logra que el dolor insoportable de los pechos atados y suspendidos sea reconocido por la suplicante doncella en el hoyo, mientras su rostro se retuerce de agonía. La somete a una prueba de rodillas para ver cuánto puede soportar: cuanto más se encorve, más peso se añade a sus tetas que comienzan a ponerse moradas debido a la falta de circulación. Sacando un enorme tapabocas de goma roja, le llena la boca obligándola a abrirla lo más que pueda, luego lo aprieta firmemente alrededor de su cabeza. Continúa observándola sufrir en angustia mientras ella suelta pequeños sollozos y gritos. Diciéndole que lo lidie y deje de ser una cobarde, El Cazador busca por su guarida una última sorpresa especial para su rubia atada con los músculos de las piernas temblando. Algunos plásticos crujen cuando encuentra lo que buscaba: unas deliciosas y viles prensas de pezones para sus pezones morados. Se acerca a ella y comienza a colocarlas mientras ella se equilibra y empieza a jadear a través del tapabocas en pánico ante el dolor ardiente que irradia desde sus pezones. Ni siquiera logra colocarlas porque ella está en tanta miseria. Le pregunta si es por el horrible tapabocas que tiene, y se acerca a quitarlo, siendo un tipo generoso. No hables demasiado pronto, vuelve por la segunda ronda con sus pezones mientras ella intenta mover su parte superior de lado a lado para evitar las prensas, llamándolo hijo de puta. En este punto, a Vivica no le importa quién la tenga abajo en el hoyo, solo intenta respirar a través de ello y soportar la tortura que le está infligiendo. Le dirige algunas palabras adicionales con adjetivos coloridos, provocando que él diga que se olvide, que se pudra aquí abajo, y se va dejándola lidiar con la miseria.