Atada a la fuerza
Salía de noche buscando mercancía nueva cuando vio a una joven morena vestida con una falda corta, ajustada y sucia y un top rosa brillante. Con botas de tacón hasta la rodilla, supo que era el tipo que necesitaba para sus clientes, y le gustaba imaginarla atada y amordazada con su ropa ceñida. La capturó y la llevó a su casa, donde la ató con cuerda. La escena comienza con ella luchando y resistiéndose mientras él la palpa; ella dice que no le gusta el bondage, pero él sigue tocándole los pechos atados. Ella suplica que lo desate, pero él le mete las bragas en la boca y le envuelve la cabeza con cinta adhesiva varias veces. Sus ojos se agrandan de terror cuando él le dice que será perfecta para sus compradores. Al no aceptar, ella se esfuerza más, y él la inyecta una aguja en el cuello para dejarla inconsciente y hace algunas llamadas. Le ata los codos como sorpresa para cuando despierte. Al recuperar la conciencia, se confunde, pero al ver su situación recuerda todo y entra en pánico, forcejeando contra las cuerdas. El traficante la oye y va a revisarla, encontrándola retorciéndose en el suelo, todavía con la mordaza de cinta. La coloca en una atadura total, toma fotos de vista previa para su comprador y la deja allí, ahora completamente inmovilizada. Sigue luchando desesperadamente, pero cada minuto que pasa la hace más desesperanzada; si no escapa pronto, quizá nunca vuelva a ser libre.