Atada en Lencería Negra – Las Crónicas de Dakkota Cautiva
Dakkota no tenía idea de lo que estaba pasando. Un momento estaba descansando felizmente en su casa, y al siguiente la desnudaron hasta dejarla solo con su len. negra y la ataron a la cama, cautiva de un hombre malvado decidido a robar objetos valiosos. Para silenciar sus gritos, le metió un trapo viejo en la boca hasta reventarle las mejillas y le ató un pañuelo entre los dientes con una fuerza que le aplastaba el cráneo para mantener el trapo bien sujeto. Con sus súplicas y gritos de auxilio ahora casi inaudibles, se debate y forcejea buscando cualquier forma de escapar, pero no hay salida. De repente, un golpe en la puerta principal sugiere una posible salvación, pero su captor le ata otro pañuelo con fuerza sobre su boca ya rellena y sellada, haciendo que sus gritos sean completamente inaudibles para sus vecinos. Desesperada, se retuerce, grita y gruñe mientras su captor le explica al visitante que todo está bien, pero sus esfuerzos y sonidos son fácilmente ahogados por las cuerdas y telas. Solo puede sollozar al escuchar que el vecino se va. Ahora, con toda esperanza de rescate desaparecida, su captor le reempaca la boca y envuelve cinta alrededor de su cabeza una y otra vez, asegurándose de que nadie pueda escucharla y así frustrar sus planes, mientras la deja a un destino verdaderamente espantoso.