Atada y Amordazada: Aventura BDSM de Carmen con Lexi Lane
La problemática exalumna Lexi Lane castiga a su curvilínea profesora Carmen Valentina con orgasmos atados. Carmen, vestida con un vestido de satén y tacones altos, lucha en un almacén abandonado con sus muñecas atadas a un anillo en el suelo y sus caderas apoyadas sobre un marco de tubería de acero, dejando su culo generoso al aire. Sus rodillas están abiertas y atadas a los tubos verticales del marco. Una mordaza negra de vinilo brillante que le estira las comisuras de los labios está atada entre sus dientes y alrededor de su cabeza. Carmen apenas recuerda haber salido tarde de la escuela la noche anterior tras una reunión. Recuerda haber entrado a su auto, sentir un pinchazo agudo en el cuello y que todo se volvió negro. Al despertar a la mañana siguiente, descubre que está atada boca abajo sobre el marco de acero, aún con su vestido de satén y tacones. Carmen tira desesperadamente de las cuerdas, pero no hay forma de liberarse. Grita pidiendo ayuda, pero la mordaza ahoga sus gritos y no hay nadie cerca para escucharla. De pronto, escucha el sonido de tacones de aguja acercándose desde la habitación contigua. Carmen gira la cabeza con la esperanza de ser rescatada, pero al ver quién entra, su esperanza se desvanece: es Lexi Lane, una de sus exalumnas. Carmen la recordaba bien: la chica no era más que problemas antes de abandonar la escuela; lo último que supo fue que había terminado en la cárcel. Lexi se acerca a su antigua profesora, le da una palmada en el culo y se ríe. Luego le informa a la pobre Carmen que ella fue la responsable de que terminara en la cárcel. Si Carmen no hubiera sido tan zorra y no hubiera causado conflictos con su familia, tal vez las cosas habrían sido diferentes para Lexi. Saca la mordaza de la boca de Carmen y le pregunta si tiene algo que decirle. Carmen le exige que la suelte de inmediato o las cosas empeorarán para Lexi. Lexi entonces le confiesa que en la cárcel aprendió muchas cosas, como lo mucho que le gustan las chicas sexys. Lexi se acostaba en su litera por las noches, después de tener sexo lésbico con algunas de sus compañeras de celda, fantaseando con su sexy y curvilínea profesora y con lo que le haría cuando saliera. Su deseo de venganza y su lujuria por el culo caliente de Carmen eran demasiado intensos como para resistirse; tenía que tenerla a su merced. Lexi mete la mano bajo la falda de Carmen, le baja las bragas por el culo y le deja la conejita al descubierto. Carmen, indignada, le exige que pare de inmediato. Lexi, harta de sus quejas, vuelve a meter la mordaza entre los labios de Carmen y luego agarra un vibrador de varita. Carmen abre los ojos de par en par al ver a la chica con el vibrador; tira desesperadamente de las cuerdas, pero no logra soltarse. Lexi se coloca detrás de Carmen y comienza a estimular su conejita con el vibrador. Carmen grita contra la mordaza, pero pronto sus gritos se convierten en gemidos mientras su conejita se humedece con la estimulación. Carmen gime en la mordaza y tira de las cuerdas mientras Lexi la provoca y estimula su conejita con el vibrador. Carmen intenta patear a Lexi con sus tacones, pero las cuerdas en sus rodillas se lo impiden. Cuando Lexi por fin lleva a la pobre Carmen al orgasmo, esta se debate en las cuerdas, pero estas la mantienen firme. Lexi la lleva al orgasmo una vez más antes de subirle las bragas y meter el vibrador de varita en su ropa interior. La cabeza del vibrador queda apretada contra su conejita por las ajustadas bragas. Lexi le dice que va a traer a algunas de sus amigas para tener una fiesta con Carmen como su juguete sexual. Deja a la pobre Carmen, indefensa y atada boca abajo sobre el marco de acero, luchando por liberarse mientras el vibrador sigue vibrando y estimulando su conejita mojada.