Atada y amordazada: el amanecer inesperado de Jamie
¡Pobre Jamie Knotts! Su paseo matutino se vio interrumpido bruscamente por un hombre extraño que la secuestró y la llevó rápidamente a una casa segura donde nadie podría encontrarla. Con un trapo apretado alrededor de su boca, no pudo hacer nada para evitar que el hombre la arrastrara al interior. La condujo con brusquedad hasta el sofá, donde solo pudo forcejear mientras su agresor terminaba de atarla con cuerdas alrededor de los tobillos, pantorrillas y muslos, mientras ella protestaba con un «mmmppphhh» ahogado. El hombre le explicó que sería usada como moneda de cambio para extorsionar a su adinerado padastro, y que debía quedarse quieta hasta que llegara el momento de hacer la llamada. Antes de irse a preparar la llamada, el hombre hizo que su mordaza fuera aún más efectiva al atarle otro trapo sobre la cara, dejándola en un terror y soledad totales, atada y amordazada. Sabiendo que debía escapar, luchó con todas sus fuerzas, logrando ponerse de pie y saltar hasta la habitación contigua en busca de algo con qué liberarse. Desafortunadamente, fue atrapada de nuevo por su agresor, quien decidió ahora asegurarse de que no intentaría nada parecido otra vez. La arrastró de vuelta al cuarto, le cambió la mordaza por un artefacto siniestro de goma, cuero y correas interminables, y la ató de manos y pies en el suelo. Ahora completamente indefensa, se retorcía y gritaba contra el amasijo de cuero que le sellaba la cara, rogando que alguien la encontrara.