Atada y torturada – Samantha en la guarida del Cazador
Samantha, de tetas generosas, es empujada dentro de la guarida por el Cazador, con los codos aplastados y atados a la espalda con cuerdas. Sabe que no tiene ninguna posibilidad de defenderse. Le abre la boca y le mete un trapo viejo bien adentro. Luego, una venda elástica blanca es introducida entre sus labios y envuelta con fuerza alrededor de su cabeza, sellando la mordaza profundamente en su boca grande. Le ata los codos a una cadena colgada de un poleón y levanta sus codos alto detrás de su espalda. El Cazador le saca un pecho del ajustado top y le manosea las tetas antes de dejarla sola para que se retuerza y forcejee inútilmente contra las cuerdas. Samantha se gira y estira tirando de la cadena sin éxito; intenta patear el cabrestante con la desesperada esperanza de liberar sus codos. Pero cuando el Cazador regresa, sigue atada e indefensa. Le ata las muñecas con fuerza detrás de la espalda, luego amarra una cuerda alrededor de su cintura y la pasa entre sus piernas. La cuerda se tensa bien entre sus bragas de encaje y sube hasta sus muñecas. El Cazador la baja de nuevo entre sus piernas, inmovilizando sus manos contra su culo generoso, y la ata en su vientre. Le saca el otro pecho del top ajustado y le manosea las tetas antes de accionar el cabrestante, levantando sus codos aún más alto detrás de su espalda. Al elevarse los codos, sus muñecas atadas tiran de la cuerda del coño, haciendo que esta se hunda más en su conejito. Le ata los tobillos con fuerza para que mantenga el equilibrio en sus tacones de aguja. Luego, le ata las tetas grandes con cuerdas mientras Samantha grita y protestaba contra su mordaza. La deja colgada de los codos, con la cuerda del coño enterrándose más en su panocha con cada movimiento. Samantha mira sus tetas atadas y bonitas, llorando y gimiendo de frustración e impotencia contra su mordaza.