Atrapada en Hierro: La Lucha de Carmen por la Libertad
Desesperado intento por quitarse esas malditas ventosas de los pezones. La sexy rubia Carmen se acuesta boca arriba en la mesa del Cazador, con los tobillos atados con grilletes y encadenados a un aro en la base de la mesa. Sus muñecas están unidas con esposas de acero por encima de la cabeza, con la cadena pasando por otro aro. También lleva grilletes en los pulgares. Una bozal de bola se le introduce entre los dientes para mantenerla callada. El Cazador entra para burlarse y atormentar a su desdichada cautiva. Abre su brillante blusa de satén negro para revelar sus tetas. Luego coloca unas bombas de vacío sobre sus pezones y gira la manivela para extraer todo el aire de los tubos. Carmen grita y maldecida en protesta mientras sus pobres tetas son aspiradas dentro de los tubos. Él deja caer las llaves de sus grilletes en la mesa y le dice que si odia tanto los tubos de vacío, mejor libere sus muñecas y se los quite ella misma. Carmen grita contra su bozal con frustración mientras mira las llaves. No sabe cómo conseguirlas, pero sus tetas ya laten con dolor por las ventosas, así que lucha por alcanzar las llaves. Pero los grilletes en los pulgares impiden que estire las manos, así que retorciendo y tirando de los pulgares intenta liberarlos. Los grilletes se hunden en sus pulgares, pero lentamente se deslizan hasta liberar uno. Ahora puede maniobrar las manos para alcanzar las llaves. Carmen toca las llaves con las yemas y las desliza hasta tenerlas en su poder. Ahora debe intentar girar la llave para encajarla en la pequeña cerradura de las esposas. Lucha con la llave, retorciendo el cuerpo para ver qué hace, pero al final su intento falla cuando el Cazador vuelve y le dice que su tiempo se acabó. Le quita las llaves y la deja enojada y frustrada, atada sin esperanza a la mesa. Sus tetas laten con dolor mientras solloza y llora contra su bozal.