Atrapada en las garras del jefe del crimen
Rachels Fishing Line Mummy Nightmare
Rachel creía que la situación no podía ser peor. Sí, se había metido en problemas con un poderoso jefe del crimen, pero nunca imaginó que enfrentaría consecuencias reales. Ahora, después de ser secuestrada de su casa en medio de la noche y llevada a un almacén abandonado, comenzaba a darse cuenta del peligro en el que estaba. Cuando la matona la desnudó por completo, le metió una mordaza de pelota gigante en la boca y, agarra su cabello, la empujó hacia adelante, supo que algo MUY malo estaba por suceder. El jefe no dijo ni una palabra. Simplemente comenzó a envolver a la indefensa mujer en lo que parecían docenas de capas de plástico ajustado. El calor del lugar ya hacía que el plástico se contrajera, dificultando la respiración. Una y otra vez el material cubrió su cuerpo hasta que no quedó nada libre de su abrazo asfixiante, excepto sus pies desnudos y su cabeza. Totalmente indefensa, se preguntó qué vendría después, pero ni en sus peores pesadillas podría haber imaginado el siguiente paso. ¡Fue atada a un marco de madera de pie con kilómetros de hilo de pesca! Cada movimiento le causaba un dolor insoportable, ya que los hilos finos y cortantes se clavaban en su carne. Lloraba y se retorcía, intentando mantener el equilibrio mientras el plástico seguía encogiéndose minuto a minuto. La mordaza de pelota le presionaba las comisuras de la boca, pero no servía para callarla, aunque al jefe del crimen no le importaba. Sabía que el lugar estaba desierto y que sus llantos y suplicas nunca serían escuchados. Con los ojos desorbitados, buscaba alguna salida, pero el hilo de pesca también se tensaba cada vez más. ¿Podría escapar antes de ser cortada en pedazos? Y si no, ¿sobreviviría a la tortura hasta que decidieran que había pagado por sus errores? Lo que Rachel no sabía era que esa deuda JAMÁS sería saldada.