Autobondage: pinzas de pezón con hielo y lección de paciencia
Rachel vs. Una llave demasiado lejos
Después de pasar la tarde leyendo varias historias de autobondage, Rachel estaba más que excitada. Con su novio fuera de casa, la idea de grabar un vídeo para él empezó a sonar cada vez más tentadora. Para que la diversión no terminara demasiado pronto, pensó que tres cubitos de hielo serían suficientes para retenerla durante 15 minutos. Con la cámara preparada y los juguetes dispuestos, Rachel se lanzó. La configuración era sencilla: con sus pinzas de pezón atadas al hielo que se derretía, no podría alcanzar las llaves hasta que el hielo se fundiera. Quitarse las pinzas siempre era una opción, o al menos eso creía ella. No tarda mucho en aburrirse y sentir el dolor en los pezones y la mandíbula. En todas sus lecturas, nunca se le había ocurrido lo lento que se derrite el hielo a temperatura ambiente. Después de 90 minutos, recibe una lección en primera persona… y aún queda mucho hielo por delante.