Bailey bailando desesperada: atada y amordazada
La pequeña Bailey, atada como una cabra en posición peri, se debate en el calabozo del Cazador, sujeta por el cuello a una cadena colgada de un polea. Con las manos atadas a la espalda, no puede liberarse del lazo que le ahoga. Gime y llora contra la mordaza de cinta adhesiva que le sella la boca, desesperada por encontrar una salida antes de que el Cazador regrese. Pero sus esfuerzos son en vano: el Cazador vuelve con más cuerdas. Comienza atándole los tobillos delgados con fuerza, y Bailey, en sus tacones de aguja, lucha por mantener el equilibrio sin que la cuerda apriete más su garganta. Suplica a través de la mordaza mientras él envuelve sus brazos con más cuerdas. Bailey grita de dolor al ser obligada a juntar los codos con brutalidad detrás de la espalda y atarlos con fuerza. Una vez que sus codos están inmovilizados, el Cazador la suelta de la cadena y la salta hasta su mesa. La empuja boca abajo sobre la superficie, levanta sus pies hasta su trasero y ata la cuerda de su cuello a sus tobillos atados. Con las piernas dobladas y el cuello sujeto a sus tacones, Bailey ahora controla su propio destino: debe mantener las piernas encogidas para evitar que la cuerda le apriete más la garganta. Pero sus piernas, débiles por estar tanto tiempo de pie en tacones, empiezan a temblar y a fallar. Siente cómo los calambres la obligan a tensar la cuerda alrededor de su cuello. No sabe cuánto tiempo podrá aguantar así, completamente atada en posición peri.