Bailey indefensa: sumisión y fetichismo con pies
Bailey atada y el fetiche por los pies. ¡Parece una noche desagradable para la pobre Bailey! Atada y amordazada con cinta adhesiva, despojada hasta quedarse solo en ropa interior y estirada dolorosamente a lo largo del sofá, se retorcía y forcejeaba, preguntándose qué tendría preparado el extraño intruso para ella. Sus manos habían sido arrastradas por encima de su cabeza y bloqueadas, robándole así cualquier posibilidad de quitarse la mordaza. Sus pies desnudos habían sido atados juntos y igualmente estirados frente a ella, dejándola completamente indefensa, solo capaz de sollozar y temblar de miedo mientras esperaba su regreso. Para su desdicha, el extraño tenía un fetiche por los pies, y Bailey estaba condenada a pasar el resto de la noche atada y amordazada, sin poder evitar que el hombre acariciara sus pies, lamiera sus plantas arrugadas, hiciera cosquillas en sus delicados deditos y chupara sus dedos metiéndoselos profundamente en la boca. Cada acción provocaba repugnancia en la pequeña y retorcida mujer, pero no tenía más remedio que soportarlo hasta que él quedara satisfecho. ¡Solo podía rezar para que no decidiera probar algo más!