Confusión de Identidad: Cuerdas y Mentiras
Yvette Cousteau Sahrye había escuchado rumores de que su padrastro estaba teniendo un romance con alguna chica europea. Cuando apareció en su habitación del hotel y encontró a Yvette, que solo hablaba alemán, asumió que era la amante de su padrastro y que el cuero que había en la habitación era para juegos de atadura kinky. Sin pensarlo dos veces, perdió los estribos, agarró a Yvette y comenzó a atarla con las cuerdas. La pobre chica intentó explicarse, pero al no entenderse, la situación solo empeoró. Sahrye la amordazó con un sostén y una tela entre los dientes para callarla, y luego la ató más fuerte, incluso en un hogtie estricto. De pronto, sonó su teléfono: era su padrastro. ‘¡Mira, papá, aquí tengo a tu noviecita alemana bien atada!’ le dijo con sarcasmo. Pero en cuanto escuchó la explicación de su padrastro—que él y su madrastra la esperaban en otra habitación—, el shock la dejó sin palabras. Yvette no era la amante; solo una inocente en el lugar equivocado. Todo había sido un malentendido lleno de cuerdas y furia mal dirigida.