Cuero, Encaje y Lucy: Un Viaje de Autoconocimiento
Lucy vs. La Saliva Interminable
Ocho horas en la jaula, o una hora atada. Por su ansia de subir a la jaula, su elección era obvia. Cuando le colocaron el bozal de panel, parecía dudar. Al apretarle los codos, arrepentida. Su diversión comenzaba con las piernas en rana y separadas. Otra cuerda tiraba del arnés del pecho, arqueando la espalda. Una última aseguraba el arnés de la cabeza para un flujo constante de baba. Aunque la jaula hubiera sido más cómoda, Lucy está en la nube nueve cuando le entregan una varita mágica.