De censista a cautiva: Kerry atrapada y amordazada
¡Pobre Kerry! Recién llegada de Escocia a América, su primer trabajo fue como censista. Mientras interrogaba a un hombre sobre cuántas personas vivían en su casa, él le preguntó si debía contar a las mujeres que tenía atadas en el sótano. Pensando que era una broma de mal gusto, ella se rio, pero no era ninguna broma. Ahora, despojada hasta dejar solo su sujetador, bragas, medias, ligas y tacones, ha sido inmovilizada sin remedio. Con la boca rellena de trapos y sellada con cinta, lucha en pánico sin saber cómo liberarse. Cuando el hombre regresa, comienza a envolver su boca ya sellada con vendaje veterinario, transformando la mordaza insoportable en un dispositivo de silencio que la hace pensar que su cabeza explotará por la presión. El hombre la derriba boca abajo y la ata de pies y manos sin piedad, asegurándose de que no haya esperanza de escape. ¡Felizmente le anuncia que pronto podrá hacer un buen conteo de los residentes, ya que se unirá a las demás en el sótano por mucho tiempo!