De Estrés a Envolvida: La Caída de Rogue a la Serenidad Sin Pensar
Rogue la Momia Sin Mente
¡Pobre Rogue! Está tan estresada que, incluso cuando se prepara para ir a su clase de yoga, sigue corriendo como loca. La convence para que se siente conmigo un momento y le regalo un collar, esperando que la anime un poco. Y vaya que lo hace, porque tiene propiedades… muy especiales… relajantes. Casi de inmediato, Rogue se calma, se llena de felicidad y, como resulta, se vuelve muy susceptible a mis sugerencias. De hecho, tras una breve conversación, no quiere otra cosa que convertirse en una momia sin mente, envuelta de la cabeza a los pies para mi placer. Permanece quieta, repitiendo una y otra vez «Quiero ser una momia sin mente» a través de su mordaza, con la baba burbujeando en sus labios y resbalando por su cara, deslizándose sobre el capullo ajustado de cinta roja con el que la estoy envolviendo metódicamente. Solo hay un problema: parece que los efectos del collar se desvanecen una vez que queda cubierto, y para cuando está indefensa, con la cabeza sellada bajo capas de vendajes, vuelve a estar muy estresada… pero esta vez por razones mucho más… ajustadas.