DiD – La Política del Tipo de la Piscina
Por favor suéltame, te daré lo que quieras. La caliente y voluptuosa Luna no puede creer lo malo que está siendo su día. Primero se topó con un ladrón que no solo la robó, sino que además la dejó atada y amordazada en su sala. Han pasado horas desde que se fue, y a pesar de sus desesperados forcejeos, las cuerdas siguen sujetándola. Siente los codos magullados por estar aplastados juntos detrás de su espalda y las muñecas irritadas por las cuerdas que se le clavan en la piel. Mira hacia abajo y ve sus piernas delgadas aún unidas con cuerdas bien ajustadas alrededor de los tobillos y las rodillas. Hace tiempo que dejó de intentar desatar los nudos, el muy cabrón los había pegado con superpegamento, haciendo imposible liberarse. Los hombros le duelen por estar tirados hacia atrás con los codos unidos. Su voz está ronca de tanto gritar pidiendo ayuda, pero con la gruesa mordaza de cuero metida hasta el fondo entre sus labios, nadie fuera de esas cuatro paredes podría escucharla. Luna estaba a punto de perder toda esperanza cuando escuchó el portazo de la jaula de la piscina. Mira por la puerta francesa y ve llegar al asqueroso tipo de la piscina, quien comienza a limpiarla. Normalmente lo evitaba, creyendo que era un bicho raro, pero como hacía un buen trabajo con la piscina, lo mantuvo. Ahora él era su única esperanza de salvación. Luna se arrastra desde el sofá, gritando pidiendo ayuda a través de la mordaza, y se acerca arrastrándose hacia las puertas de cristal. Pero él no parece escuchar sus desesperados gemidos ahogados. Entonces comienza a patear el vidrio para llamar su atención. Finalmente, él se da la vuelta y se acerca a la puerta. Luna llora de alegría pensando que pronto estará libre de las odiadas cuerdas. Él mira por la ventana y ella le suplica que abra la puerta. Abre y entra, Luna le pide ayuda, pero él no parece entender. Se agacha y le quita la mordaza de cuero de la boca. Luna le suplica que la ayude, explicándole que la han robado y la han dejado atada y amordazada durante horas. Pero en lugar de ayudarla, él le dice que no quiere meterse en líos, que tiene antecedentes y no confía en el sistema. Luna le suplica y le ruega una y otra vez que la ayude. Él la levanta en brazos y la lleva de vuelta al sofá. Ella está desesperada por liberarse de las cuerdas y hará cualquier cosa. Le dice que si la ayuda, le dará un buen mamada. Eso capta su atención, pero aún parece indeciso. Le dice que las mujeres siempre le mienten, que prometen el mundo y luego lo dejan como un tonto. Luego le dice que primero le chupará la verga y después hablarán de las cuerdas. Luna siente que no tiene otra opción. La baja de rodillas y saca su verga. Tan desesperada está por liberarse que toma su polla palpitante en su boca caliente y húmeda y comienza a chupársela. Se la traga entera hasta los huevos, sintiendo el tallo deslizarse por su garganta mientras tose y se ahoga con su pene. Pero no deja de chupar. Él se recuesta en el sofá para ponerse cómodo mientras Luna sigue chupando, lamiendo y tragando su verga. Finalmente, siente cómo su polla comienza a palpitársele en la garganta mientras le agarra la cabeza y la embiste. Sus miembros atados se retuercen al límite de las cuerdas y él le dispara su carga caliente por la garganta. La suelta y ella levanta la cabeza, con semen y baba corriéndole por la boca mientras le suplica que por favor la suelte ya. Pero él le dice que realmente es su política no meterse en líos. Le sube la mordaza desde su garganta y se la vuelve a meter entre los dientes. Luna lo insulta y maldice mientras él se sube los pantalones y se va. Luna se tira al suelo en la derrota, con la cara llena de su semen, aún atada y amordazada. No puede creer que haya sido capaz de dejarla así.