El Abrazo del Acero Frío: El Sufrimiento de Bailey
Un intento fallido de escape termina con Bailey inmóvil, atada con grilletes de manos. La pelirroja de rulos tira de los fríos y duros grilletes de acero que le atrapan las muñecas y los codos mientras se debate en el sofá. Los grilletes de metal se clavan en los suaves guantes de cuero que le cubren los brazos desde los dedos hasta los hombros. Bailey grita pidiendo ayuda, pero la gran mordaza negra que le han metido entre los dientes ahoga sus patéticos lamentos. Mira hacia abajo y ve que sus tobillos también están lockeados con pesados grilletes de metal, unidos con un candado y una cadena que los mantiene muy juntos. Además, siente el grueso collar de acero que le han cerrado alrededor del cuello. Bailey se levanta del sofá con dificultad y logra ponerse de pie. Mira hacia la puerta principal y comienza una lenta y torpe caminata, arrastrando los pies, con la esperanza de poder pedir ayuda. Avanzar con sus tacones de aguja es un esfuerzo penoso, moviéndose solo unos centímetros cada vez. Finalmente, Bailey logra llegar a la puerta y, con las manos atadas a la espalda, intenta topar con los dedos enfundados en los guantes el cerrojo. Forcejea con el cierre y casi lo abre cuando reaparece el Cazador. La agarra y la arrastra de nuevo hacia el sofá, caminando con ella en esa postura encorvada. Bailey es colocada de rodillas mientras él se dirige a otra habitación para buscar una cadena. Bailey se rinde a los grilletes y no intenta moverse, sabiendo que solo empeorará las cosas. El Cazador regresa y la empuja boca abajo. Luego, la cadena se cierra con un candado a la cadena de los grilletes de sus tobillos y se sube hasta un gancho unido a la parte trasera de su pesado collar de acero. Las piernas de Bailey quedan dobladas y la cadena del collar se cierra con un candado a la cadena de los grilletes de sus tobillos. El Cazador la deja allí, indefensa, inmóvil y atada en el suelo sin posibilidad de escapar esta vez.