El Poder del Control: Dominando su Orgásmo
Kendra no para de correrse. Hay algo mágico en ver a una mujer correrse. Observar cómo su cuerpo tiembla y explota en una ola incontrolable de placer cada vez que un orgasmo la recorre. Ver cómo se retuerce y gime mientras colocas el vibrador en su lugar, sabiendo que está completamente a tu merced. Hay algo profundamente satisfactorio en enseñarle que no puede correrse hasta que tú se lo permitas. Es adictivo verla luchar contra sus propios deseos, haciendo todo lo posible por evitar lo inevitable hasta que a ti te plazca. Mirarla a los ojos, con la boca llena de mordaza de goma, suplicándote que le des alivio, y, cuando por fin le concedes permiso, ver cómo el deseo más primitivo supera cualquier otro instinto de su cuerpo y la convierte en una zorra babosa y aturdida, agradecida por tu misericordia y completamente sorprendida por lo bien que has aprendido a controlarla. Y hay algo perturbador en su mirada cuando se da cuenta de que piensas hacerlo una y otra vez, mucho después de que el placer se convierta en dolor, simplemente porque PUEDES hacerlo. Kendra lo aprendió hoy. Y está agradecida por la lección.