El Secreto Vacío de Sahrye: Un Encuentro Romántico Prohibido
Sahrye Él y Sahrye trabajan juntos en la misma oficina inmobiliaria, y hoy ella le enseña una casa que está por vender. Pero la verdadera razón por la que lo ha llevado allí es porque el lugar está completamente vacío. Le confiesa que siempre ha tenido la fantasía de dejarse atar en una casa desocupada, a su merced, para que él haga con ella lo que quiera. Al principio, él se resiste, pero cuando ella le asegura que será su secreto, termina aceptando el juego. Con una cuerda que ella misma trajo, la ata con fuerza, muy ajustada. Sahrye le recuerda lo ruidosa que se pone cuando se excita y le sugiere que la amordace. Él usa un par de bragas para taparle la boca y le coloca una correa de cuero entre los dientes. Luego, la deja sola mientras explora la casa vacía. Muy excitada por la anticipación, Sahrye se retuerce atada y amordazada en la silla, gimiendo sin parar. Después de un rato, logra bajarse al suelo y sigue excitándose aún más por su cuenta. Más tarde, él regresa con algo que encontró en una habitación del piso de arriba: un vibrador Hitachi. Tras desnudarla hasta dejarla solo con sus bragas, la ata de nuevo, esta vez de rodillas, y la sujeta a una columna del sótano. Vuelve a amordazarla, esta vez con cinta adhesiva cubriéndole la boca y la cara. Sahrye está completamente a su merced, pero así es como le gusta. Él enciende el vibrador y lo aplica entre sus piernas, y al instante ella se pone perdida, alcanzando su primer orgasmo. Pero antes de bajarla, él quiere verla correrse varias veces más. Esta vez, la obliga a sostener el vibrador ella misma y masturbarse. No tarda en gemir fuerte a través de la mordaza, corriéndose una y otra vez sin parar.