El suplicio de Lollys: ladrón la tortura con cosquillas y dolor
¡Pobre Lollys! ¿Quién iba a pensar que echaría de menos los viejos tiempos en los que los ladrones solo ataban a sus víctimas y se marchaban. Hoy en día son mucho más creativos… ¡y crueles! Este tipo la tiene atada a una silla, decidido a conseguir unos documentos que su marido esconde en el apartamento, y no parará hasta lograrlos. La ató, le metió una mordaza de hendidura y le exigió que dijera dónde estaba el material. Cuando se negó, ¡empezó a hacerle cosquillas en los pies! Lolly era extremadamente cosquillosa, y fue una agonía. Se retorcía, reía entre la mordaza hasta quedarse sin aliento, pero siguió negándose. Entonces el ladrón se puso más cruel: le arrancó la camisa para dejar al descubierto sus grandes tetas, la torturó con cepillos de pelo y cepillos eléctricos, e incluso le ató los pechos hasta que pensó que iban a reventar. Cuando añadió las pinzas para los pezones, chilló y gritó entre la mordaza, pero ni el dolor intenso pudo evitar que se retorciera de risa mientras seguía con su implacable ataque de cosquillas en las plantas de los pies. Cuando se fue, asegurándose de que seguía bien sujeta a la silla, juró que, cuando su marido volviera, tendrían una LARGA charla sobre traer el trabajo a casa.