En las manos del Tío Jim – Brandon atrapada por su tío depravado
La heredera tetona Brandon no puede creer lo que le ha pasado en los últimos días. Tras la muerte de sus padres, permitió que su asqueroso tío Jim viniera a ayudarla a liquidar la herencia. No lo veía desde hacía años, pero apareció justo después del funeral y se ofreció a echarle una mano. Brandon cometió un gran error al confiar en él y ahora se encuentra como su prisionera atada y amordazada. Solo le permite llevar un bikini diminuto y la ha dejado tendida boca arriba en la cama, con las piernas y los brazos bien abiertos y amarrados. Las muñecas y los tobillos de Brandon están en carne viva por forcejear durante horas contra las cuerdas apretadas. Un trapo viejo le han atado entre los labios, estirándole las comisuras de la boca hacia atrás y ahogando sus gritos y peticiones de ayuda. Entristece y se desmaya, rogando que al despertar todo haya sido una pesadilla. Pero al abrir los ojos, se da cuenta de que su pesadilla es muy real. Escucha a su tío Jim acercarse a la puerta y le suplica entre sollozos, con la mordaza en la boca, que por favor la suelte. Como siempre, él está bebiendo, el olor a cerveza rancia en su aliento mientras se acerca. Le dice que, en cuanto firme la herencia a su nombre, empezará a tratarla bien. Brandon sabe que, una vez que obtenga lo que quiere, ya no le servirá de nada y no sabe qué hará el depravado con ella entonces. Su única opción es resistirse y ganar tiempo hasta que tenga una oportunidad de escapar de sus garras. Él empieza a acariciar y manosear su cuerpo indefenso mientras Brandon suplica y llora con la mordaza, repugnada por sus manos sucias sobre ella. Mira su cuerpo caliente y decide cambiar su posición. Desata uno de sus tobillos del pie de la cama, arrastra su pierna hasta el otro poste y la ata ahí. Luego suelta su otro tobillo y lo coloca en el poste opuesto. El cuerpo de Brandon queda retorcido, con los tobillos atados a los postes contrarios a sus manos. A continuación, suelta una de sus muñecas, pero la tuerce hacia atrás en un candado para evitar que se defienda mientras suelta la otra. Brandon intenta zafarse de su agarre, pero él es mucho más fuerte y tiene la ventaja de la palanca. Vuelve a atarle las muñecas de tal manera que ahora está estirada boca abajo en la cama, en posición de estrella. Mira su culo curvilíneo, lo agarra y comienza a manosearlo. Brandon suplica y llora con la mordaza, pero él le dice que, cuanto antes le ceda el control de la herencia, antes será liberada. Brandon no confía en él en absoluto y se niega a firmar. La deja sola e indefensa, prometiendo volver en unas horas. Brandon tira de las cuerdas de nuevo, pero está bien atada; no habrá escapatoria. Solloza y llora con la mordaza en la boca, frustrada y sin esperanza. ¿Cómo podrá escapar alguna vez?