Encadenada, amordazada y a su merced – La venganza del esposo
Raven Eve – Encadenada y amordazada
Raven creía haber visto el último vestigio de su esposo abusivo. Ahora, soldada a una silla con cadenas de acero indestructibles y esposas, con la vista eliminada gracias a la venda ajustada alrededor de su cabeza, supo que había regresado. Cuando le quitaran la venda y pudiera mirar su rostro una vez más, lanzó una retahíla de amenazas y blasfemias, todas ininteligibles por la enorme bola atada en su boca. Se retorció y forcejeó, retrocediendo ante su contacto mientras le exponía los pechos, permitiendo que la baba que caía libremente de su boca amordazada se deslizara lentamente por su cuerpo en brillantes senderos de humillación. Escuchó mientras le detallaba todas las cosas horribles que tenía planeadas para ella, su silencio solo interrumpido por gritos cuando le apretó sus enormidades pezones con la dolorosa mordida de los pinzas de trébol de acero. Disfrutaba dejando sola, indefensa, babosa y aún desafiante, con las llaves de su libertad justo fuera de su alcance. Quizás, si tan solo lograba mover la silla hasta donde estaban… Tras mucho esfuerzo, aulló de desesperación al darse cuenta de que los eslabones de acero que la ataban a la silla eliminaban TODA posibilidad de alcanzar las llaves. Sabiendo que su esposo tenía una, jadeó, con el rostro, la barbilla y los pechos cubiertos de espuma que señalaban su completa e absoluta indefensión. Su nueva vida, su nueva y muy desagradable vida, había comenzado.