Expedición BDSM: Bella Lovez en la Guarida del Depredador
Bella Lovez despierta sobre la mesa del Cazador, completamente atada con cuerdas. Sus codos están dolorosamente unidos detrás de la espalda y sus muñecas están inmovilizadas. Más cuerdas sujetan sus piernas a la altura de los tobillos y las rodillas, y un trapo anudado le amordaza la boca, atado detrás de la cabeza. Se debate sobre la mesa para evaluar su situación, se da cuenta de que está sola y que esta podría ser su única oportunidad de escapar. Resbala de la mesa y se pone en pie. Salta con sus tacones de aguja atados hacia una ventana y mira hacia un pantano desolado. Grita contra la mordaza, pero pronto comprende lo inútil que es: no hay nadie en ese pantano sombrío, excepto los caimanes. Se acerca cojeando a la puerta, la empuja con el hombro y asoma la cabeza. Al no ver a nadie, salta hacia el interior de la habitación. Encuentra otra puerta y, con las manos atadas, intenta abrir el picaporte girando el cuerpo. Logra abrirla y salta hacia un espacio más amplio. Al otro lado de la sala ve otra puerta pesada; salta hacia ella y escucha a personas afuera, ajenas a su presencia. Extiende los brazos para intentar abrir el cerrojo y, justo cuando la puerta comienza a abrirse hacia su libertad, el Cazador la atrapa. La arrastra lejos de la puerta y vuelve a cerrar el cerrojo. Bella grita de frustración y desesperación mientras él la levanta sobre su hombro y la lleva de vuelta a la mesa. La suelta sobre la superficie y va a buscar más cuerdas. Agotada por su intento de escape fallido, Bella intenta recuperar el aliento. El Cazador regresa con más cuerdas y la amarra brutalmente en posición de hogtied: las cuerdas pasan desde sus codos hasta sus talones atados, tensando todo como una cuerda de arco. La deja indefensa, atada de pies y manos, sin ninguna posibilidad de escapar esta vez.