Gia, la Trofeo Cubana – Noche de Dominación
Mantener a la esposa cubana caliente y busty fuera de problemas
La esposa trofeo cubana rica y consentida Gia tenía el síndrome de la cabaña y necesitaba salir a divertirse como cuando estaba soltera. Con su marido fuera de la ciudad, solo tenía que despistar al Hunter, el hombre de su esposo, y tomar un Uber al club. Mira hacia el salón para ver si el Hunter está cerca, luego camina de puntillas hacia la puerta y la abre en silencio. Pero su plan de escape se frustra cuando el Hunter está parado en el marco de la puerta bloqueándole el paso. Gia balbucea una excusa mientras él la empuja de vuelta adentro y le pregunta a dónde cree que va. Luego, Gia se arma de valor, su terquedad latina sale a flote y intenta intimidarlo y colarse junto a él. Pero el Hunter tiene órdenes de mantenerla fuera de problemas cuando su esposo está fuera, por todos los medios necesarios. La agarra del pelo y, mientras ella maldice y protesta, la arrastra al salón y la sienta en el suelo entre sus piernas. Gia exige que la suelte, pero el Hunter no piensa hacerlo; sabe que si no es duro, ella lo intentará de nuevo. Gia lo ve sacar una cuerda del bolsillo y, ingenuamente, le pregunta si piensa atarla. Para su decepción, él le responde que exactamente eso va a pasar. Gia sigue maldiciéndolo en español y forcejeando mientras él le lleva los brazos hacia atrás y le envuelve las cuerdas alrededor de los bíceps. Gia grita de protesta al sentir cómo sus codos se tocan detrás de la espalda mientras las cuerdas se aprietan alrededor de sus brazos. Con los codos ahora aplastados fuertemente juntos detrás de su espalda, el Hunter pasa a sus piernas y, mientras ella sigue amenazando, maldiciendo y protestando en español e inglés, le ata sus curvas piernas con cuerdas alrededor de los tobillos y las rodillas. Luego saca un viejo pañuelo del bolsillo, se lo mete profundamente en la boca para callar sus quejidos, maldiciones y protestas constantes. La boca de Gia está tan bien empaquetada que apenas puede gruñir y gemir, luego le sella la boca con cinta adhesiva transparente envuelta apretadamente alrededor de su cabeza. La agarra de las muñecas y, retorciéndole los brazos hacia atrás, le ata las muñecas juntas con fuerza. Se levanta y la deja luchando en el suelo, atada de manera cruel. Gia se retuerce y forcejea, pero con todos sus esfuerzos solo logra perder sus tacones de aguja. El Hunter entra y ve que no es muy obediente, así que agarra más cuerda y, doblando sus piernas, la ata en posición de cerdo en el suelo. Por si fuera poco, le ata los dedos gordos de los pies con fuerza y pasa la cuerda desde los dedos hasta los codos, arqueando sus bonitos pies con medias. Gia maldice y jura hacia su mordaza, así que él la castiga haciéndole cosquillas en las plantas de sus pies con media. Gia suplica y llora hacia su mordaza para que pare. Finalmente deja de hacerle cosquillas en los pies y la deja sola, luchando sin esperanza en el suelo.