Jade Secretaria: Atada y Torturada con Zapatos de Aguja
Cuando contraté a Jade como mi secretaria, sabía que había algunos problemas: no sabía teclear, archivar ni contestar el teléfono. Pero una cosa tenía clara: estaba para morirse de buena. Decidí enseñarle yo misma el resto, aunque al principio se resistía. Para motivarla, la convencí de dejarme atarla. Ahora está bien atada y con la boca tapada en mi oficina. La dejé forcejear un rato antes de entrar para darle un poco de… *incentivo*. Primero, un buen cachetón que no le hizo ni pizca de gracia. Luego, las cosquillas… ¡y eso sí que la saca de quicio! Jade se retuerce y grita contra el mordaza, desesperada por escapar de mis manos. Verla así es un verdadero placer. A ella no le gusta nada, pero a mí me da igual: lo único que importa es disfrutar del espectáculo.