Jeanette Cerceau – Atada, Amordazada y Suplicando
Jeanette Cerceau – Su única oración es suplicar
Jeanette ha regresado, ¡y esta vez está en una atadura muy dura! Sentada de espaldas en una silla, solo con su sujetador y bragas, lleva una bola gruesa en la boca sujeta con correas. Sus manos están cruzadas a la espalda, profundamente entre los omóplatos, y sus muñecas bien inmovilizadas. Con los pies atados a las patas de la silla y brazos completamente inútiles, lo único que puede hacer es retorcerse, forcejear y gemir, babeando sobre su mordaza mientras intenta liberarse. Pide ayuda, con la saliva corriendo por su barbilla, pero el hombre que responde a sus súplicas no piensa ayudarla. Le quita la mordaza de bola y le rellena la boca con una esponja flexible, que sella con vendajes médicos alrededor de la parte inferior de su rostro. Ahora, con su capacidad de hablar coherentemente aún más reducida, ¡está completamente a merced de su captor!