Juegos Retorcidos: La Lucha de Ayla en la Mansión Misteriosa
Su intento ciego de escapar termina en un brutal hogtie. La consentida Ayla es empujada dentro de una extraña casa con las muñecas atadas fuertemente detrás de la espalda, un trapo rasgado y anudado entre los dientes y otro atado sobre los ojos como antifaz. Está aterrada y confundida mientras el bruto la empuja contra un sofá. Él le dice que va a llamar a su padrasto y que, cuando le quite la mordaza, debe suplicarle que la salve y hacer lo que él ordene. Le quita la mordaza y le tapa la boca con la mano. Ayla escucha el teléfono sonando y luego la voz de su padrasto al otro lado de la línea. El bruto le dice que tiene a su niñita y que pague, luego le quita la mano de la boca y la deja suplicarle a su padrasto que la salve. Vuelve a taparle la boca, termina la llamada, le vuelve a poner la mordaza y le cruza las piernas para que se vea sexy. Ayla escucha cómo le toma fotos y luego él le ordena que no se mueva. Escucha cómo sale de la habitación. Ayla cree que está sola, se levanta con dificultad y se arrastra por el suelo intentado encontrar la puerta. Se mueve lentamente para no hacer ruido, desearía quitarse los tacones para caminar en silencio, pero lleva unos sexys con correa en T y no quiere perder tiempo desabrochándolos con las manos atadas a la espalda. Se desliza por la pared, avanzando a ciegas hacia donde espera que esté la puerta. Escucha el tráfico de la calle y a la gente pasando ajenos a su situación a unos metros de distancia. Finalmente llega a la puerta y busca el pomos a ciegas, lo gira, pero descubre que está cerrada con pestillo. Ahora tiene que buscar el cerrojo a ciegas, mientras gira su cuerpo y recorre la puerta con los dedos en busca del cierre, de repente siente que la agarra del cuello. Grita y llora contra la mordaza, lo que solo hace que él apriete más. Le ordena que se calle y la arrastra de vuelta al sofá, atada, amordazada y con los ojos vendados. La obliga a arrodillarse, le cruza y ata los tobillos con fuerza. Luego siente una cuerda alrededor de su cintura. Ayla llora y se resiste contra la mordaza mientras la cuerda se tensa y le penetra el coño y el culo. El extremo de la cuerda se pasa entre sus muñecas atadas, luego le levantan los tobillos hasta las manos y la atan sin piedad en un brutal hogtie con la cuerda en la entrepierna. La levanta de rodillas y siente que le arrancan la venda. Al parpadear bajo la luz cegadora por primera vez en horas, ve al matón con máscara de cuero acercándose con un rollo de cinta. Le refuerza la mordaza con capas de cinta sobre el trapo, envolviéndole la cabeza. La deja de rodillas en el suelo, atada en hogtie, sin esperanza. Pero aún no ha terminado: le acerca los codos detrás de la espalda y, mientras ella gruñe y gime de dolor, le ata los codos con fuerza. Luego la acostó en el suelo y se va, sabiendo que escapar es imposible. Ayla se debate en el suelo y pronto se da cuenta de que, cuanto más se mueve, más se aprieta y profundiza la cuerda en su coño y culo. Llora y grita de dolor y frustración, su única esperanza es que el padrasto pague rápido y el bruto cumpla su palabra y la libere.