Kendra James – El placer de la desobediencia
Kendra James se perdió la clase y un hombre irrumpe en su casa, la obliga a quedar contra la pared y le advierte que se porte o la atará. Kendra no obedece y trata de escapar, pero él la arrastra de nuevo al suelo y la inmoviliza con cuerdas. Cuando ella intenta gritar, él le quita un zapato y un calcetín, lo mete a la boca y la cubre con cinta adhesiva. Sin su grito, el hombre se aleja, pero Kendra sigue forcejeando pese a estar atada de forma dolorosa. Una cuerda está sujeta a su entrepierna y a sus manos, de modo que cada movimiento de sus manos tira de la zona genital. Tras la partida del agresor, su top y sostén están caídos, dejando al descubierto sus pechos. Kendra logra ponerse en cuclillas, alcanza el nudo y, tras más lucha, se desata y huye.