Kendra Lynn atada y sin escape: una noche de tortura
La rubia Kendra Lynn despierta sobre un colchón sucio tirado en el suelo de un almacén abandonado, atada y amordazada. Siente las cuerdas apretadas mordiéndole las muñecas, uniendo sus manos detrás de la espalda. Sus rodillas y tobillos con botas también están fuertemente atados. Un trapo viejo y grasiento le llena la boca, sellado con cinta adhesiva que le rodea la cabeza con fuerza. Se retuerce y lucha, rodando sin esperanza sobre el colchón, en un intento desesperado por escapar antes de que su captor regrese. En su forcejeo no escucha al bruto aproximarse hasta que alza la vista y lo ve de pie sobre ella, con una máscara de cuero. Kendra grita, suplica y llora a través de su mordaza, pero él no tiene intención de ayudarla. Se sube al colchón detrás de ella y la abraza por la espalda. Kendra siente náuseas cuando él la manosea sin piedad; intenta patearlo, pero está demasiado cerca. Le saca un pecho de su diminuto top ajustado y revisa las cuerdas de sus muñecas, apretando los nudos. Luego, para su horror, la voltea boca abajo y se sube encima de ella. Kendra grita, suplica y llora mientras el bruto la frota sin penetrar, agarrándole las tetas y el culo con fuerza. Se baja, le agarra el culo y levanta su minifalda ajustada para palparla mejor. Kendra se escapa rodando y lo patea con sus botas de tacón de aguja, hundiendo el tacón en su estómago. El bruto se cae hacia atrás con dolor mientras ella intenta alejarse. Él le dice que va a pagar por eso. Se levanta, va por más cuerda, y cuando se acerca de nuevo, Kendra vuelve a patear con sus tacones, pero esta vez él está preparado. La sienta y envuelve más cuerdas alrededor de sus hombros, pecho y brazos, apretando fuerte. Ella gruñe de dolor con la mordaza cuando él le une los codos juntos detrás de la espalda y los ata con fuerza. Luego le ata otra cuerda alrededor de su diminuta cintura y la jala hacia abajo entre sus piernas. La cuerda se hunde profundamente en sus bragas de encaje, dividiendo su coño en dos. La cuerda sube por su culo, pasa entre sus manos atadas y él levanta sus botas de tacón hasta su cabeza, atando el extremo de la cuerda del coño entre sus talones unidos. Ahora Kendra está inmovilizada en posición de cerdo atado sobre el colchón, apenas puede moverse, y la presión de sus piernas dobladas hace que la cuerda del coño se hunda más y más en su conejito. El bruto se levanta y se ríe de ella, le dice que va a permanecer fuertemente atada, amordazada y en esa posición toda la noche. Quizás por la mañana esté más dispuesta a complacer sus deseos. La deja sola, llorando y gimiendo sin esperanza sobre el colchón sucio, sin escape posible y con una larga noche de dolor por delante.