La Cautividad de Candace: Ataduras con Leche y Tormento
¡Pobre Candace! Ya era lo suficientemente aterrador y humillante estar atada a una silla y quedar a merced de un loco, con la boca forzada a mantenerse abierta por una mordaza de anillo que la hacía babear sobre sí misma. Pero cuando su captor le arrancó bruscamente sus grandes tetas naturales del vestido y comenzó a apretarle los pezones, sufrió la humillación adicional de que la leche goteara y salpicara de sus ubres lactantes. Mientras añadía más cuerdas y reemplazaba su mordaza por una enorme bola roja empujada profundamente en su boca gemebunda, ella gemía de dolor al someter sus pezones a más abusos. Pinzas ajustadas los apretaron salvajemente, con la leche goteando lentamente mientras luchaba por liberarse. Por fin, el captor le quitó las pinzas, pero añadió una venda que la sumió en la oscuridad mientras sus manos vagaban sin fin por sus tetas.