La Presa del Cazador: Ashley en un Encuentro BDSM Sensual
Hazme correrme
Ashley comienza atada en un strappado con sus muñecas suspendidas desde el techo por un cabrestante. Se debate feliz, pisando fuerte con sus tacones altos mientras Cleve la amordaza, prometiéndole un placer infinito. El Cazador entra en la guarida y le manosea las tetas grandes y redondas, agarra su culito prieto y le mete los dedos entre las piernas. Quiere ver esas tetazas jugosas, así que le saca cada una por el escote de su top dorado brillante hasta que cuelgan fuera. Le colocan un sujetador de esposas mientras gime de satisfacción. El Cazador regresa con una varita vibradora negra, se la enseña a su cara emocionada y le quita la mordaza para escuchar cada gemido y jadeo de placer. Ashley sonríe de oreja a oreja cuando saca el tubo de lubricante y empapa la varita con el líquido caliente. Le sube la falda azul brillante y la varita vibradora comienza a pulsar entre sus labios vaginales. La zorra sucia emite pequeños chillidos de placer entre cada frote en su coño. Hay un primer plano del momento en que el juguete sexual penetra su coño y Ashley adora cada segundo de su orgasmo jugoso y abundante. El Cazador le pellizca los pezones duros y le da nalgadas en su trasero firme. Luego pasa a una penetración más intensa, metiéndole el consolador bien adentro de su coño y follándola con más fuerza mientras sus jugos empiezan a fluir. Le suben las bragas azules brillantes para que sujete la varita vibradora con sus músculos vaginales ajustados y le advierte que no la suelte. Le agarra el pelo y le clava la varita vibradora bien hondo, haciendo temblar su vientre. La puta gime de puro éxtasis, sonríe ampliamente y patea los pies diciendo que va a correrse y lo hará DURO, y así lo hace, gritando. Intenta recuperar el aliento mientras vemos de cerca su coño hinchado y empapado siendo penetrado por el destructor de conejos. El Cazador decide que necesita un poco más de dolor y le sube los brazos aún más en el strappado. Saca más cuerda y le ata las rodillas y los tobillos juntos mientras la varita cuelga dentro de su agujerito pequeño. Le da a la masoquista unos orgasmos más, dejándola gritar de dolor y placer, hasta que decide sacarla del strappado y tumbarla en el suelo sucio de la guarida. A propósito, no apaga la varita vibradora y la sienta, dejando que entre más hondo en su interior mojado. Le ordena a la zorra que saque su propio juguete y luego que se folle como la perra que es, mientras ella yace en el suelo frotándose el coño que chorrea con él. Gime y se retuerce extasiada, teniendo su orgasmo final y abundante, casi incapaz de mover un solo músculo.