La Secretaria Latina Audaz – Encuentro de Sahrye con Brian
La arrogante secretaria latina Sahrye llega al almacén un sábado por la mañana. Odia trabajar los fines de semana, pero el jefe insistió en que el inventario debía terminarse y ella necesitaba las horas extras. Para empeorar su día, el obrero de baja categoría, Brian, estaba en el estacionamiento barrendo. Sahrye lo despreciaba, ese grandulón siempre la miraba con una sonrisa boba y hasta se atrevía a intentarle hablar. Ella no tenía tiempo para tipos de baja estofa, solo le interesaban los hombres con cuentas bancarias grandes. Cuando Brian le abrió la puerta con una sonrisa, Sahrye lo regañó con toda su actitud latina. Le dijo que se fuera y entró furiosa, ¿cómo se atrevía a pensar que hablaría con él? Solo quería terminar el día. Empezó a revisar los códigos de lotes en las cajas y no escuchó cuando la puerta se abrió detrás de ella. Un bruto enmascarado y enorme se acercó sigilosamente por detrás y le tapó la boca con su mano fuerte. La arrastró lejos de las cajas, sacó un trapo viejo de su bolsillo y se lo metió entre los dientes, atándolo alrededor de su cabeza para silenciarla. Amordazada y dominada, Sahrye fue empujada contra la pared, le retorcieron los brazos hacia atrás y le ataron las muñecas con cuerdas alrededor de los codos. Sahrye gruñó de dolor mientras sus codos se apretaban fuertemente juntos. Con los brazos inútiles detrás de la espalda y la boca amordazada, la empujaron sobre un bloque viejo en el suelo y le ataron los tobillos y las rodillas con fuerza. Le ataron las muñecas y otra cuerda le rodeó el cuello por detrás, atándola a sus piernas atadas, dejándola en una bola. El hombre se levantó y la dejó sola, atada y amordazada, para terminar de robar el lugar. Sahrye se retuerce desesperada en el bloque, tirando de las cuerdas en un intento inútil de liberarse. Se cae del bloque al suelo, atada y sin poder moverse, y grita dentro de su mordaza pidiendo ayuda, pero sus gritos ahogados no llegan lejos. Sahrye llora de desesperación cuando la puerta se abre y entra Brian. Por primera vez, Sahrye está contenta de ver al grandulón. Lo mira suplicante y llora dentro de su mordaza mientras él se acerca y la observa desde arriba. Sahrye se pregunta por qué no la ayuda. Brian sonríe y se agacha para revisar su cuerpo. Sahrye protesta dentro de su mordaza cuando levanta su falda para espiar por debajo. Finalmente, le quita la mordaza y Sahrye le suplica y ruega que la desate. Pero Brian tiene otras ideas: empieza a negociar con ella, lo que la enfurece de nuevo. Sahrye exige que la libere de inmediato y comienza a maldecirlo. Brian ya tuvo suficiente de su actitud y se dirige a la puerta, dejándola atada en el suelo. Sahrye se da cuenta de que está a punto de abandonarla, desesperada, susplica que regrese. Brian llega a la puerta, pero se da la vuelta. Sahrye está al límite: las cuerdas le cortan los codos y las manos se le adormecen. Promete portarse bien si la suelta. Pero ahora Brian quiere más. Sahrye está tan desesperada que está dispuesta a aceptar cualquier cosa con tal de que la liberen de las odiadas cuerdas. Pero cuando Brian levanta su falda y le toca el culo, Sahrye se olvida de su situación y vuelve a gritar y maldecirlo. Brian ya tuvo suficiente de la consentida insolente y decide dejarla atada para que reflexione sobre su situación. Se va a la parte de atrás y Sahrye puede escuchar cómo llame a sus compañeros de trabajo para que vengan a ver a la secretaria consentida recibiendo su merecido.