La trágica suerte de Andi: cautiva en bikini por su tío depravado
La heredera rubia y malcriada Andi no podía creer su cambio de fortuna desde que su asqueroso tío Jim volvió a su vida. Su abuelo le dejó la fortuna familiar en su testamento, pero Jim tenía otros planes. Lleva días cautiva, la mayor parte del tiempo amordazada y con las manos atadas. No recuerda la última vez que pudo usar sus brazos. Ahora, vestida con su bikini más ajustado y escandaloso, él la arrastra de los cabellos con los brazos fuertemente atados a la espalda con cuerdas, sintiendo cómo sus codos se rozan dolorosamente y sus antebrazos quedan soldados hasta las muñecas. Una sábana vieja y rasgada le han metido entre los labios y atado detrás de la cabeza para impedirle gritar pidiendo ayuda. Andi aún conserva algo de lucha y intenta patear a su tío pervertido con sus tacones de aguja mientras él ata sus muñecas a una cuerda que cuelga del techo de la glorieta. Él esquiva sus patadas y levanta sus brazos dolorosamente alto detrás de la espalda, dejándola colgada en el cruel estrapado. Se marcha a la casa a buscar más cuerda, mientras Andi se debate desesperadamente para liberarse de las ataduras, pero no hay escapatoria. Cuando Jim regresa, sigue colgada, indefensa, de sus muñecas. él la provoca y la humilla, exigiendo que le firme la herencia. Pero Andi sigue desafiante y vuelve a patearlo. Jim toma más cuerdas y le ata los tobillos y las piernas con fuerza. Las cuerdas se clavan profundamente en sus delgados tobillos y se enrollan apretadas alrededor de sus muslos, justo debajo de su culo, y luego baja hasta las rodillas. Con las piernas ahora firmemente atadas, ya no puede patearlo. Ajusta la cuerda del estrapado, levantando sus muñecas aún más alto detrás de la espalda. La deja sola de nuevo para ir a por una cerveza fría. Andi grita y llora en su mordaza, pero nadie escucha sus ahogados gritos de desesperación. Jim regresa con su cerveza y se sienta bajo la sombra de la glorieta, contemplando a su sexy sobrina luchando sin remedio en su bondage. Le advierte que las cosas se pondrán más duras si sigue resistiéndose. Ella grita y le maldice a través de la mordaza, lo que solo hace reír al bastardo. Andi observa, impotente, cómo el muy cabrón se recuesta en su silla y se toma su cerveza, disfrutando de su sufrimiento a pocos metros, atada y sin escapatoria.