La venganza de los hermanos: atada a un castigo sin escapatoria
Rachel Adams – Venganza por dejarlo en el altar
Rachel estaba aterrorizada. La habían secuestrado en la calle y ahora, vendada, atada de pies y manos y amordazada, se encontraba atrapada en una casa desconocida. Luchaba con todas sus fuerzas, gimiendo contra la mordaza que le distendía la mandíbula, mientras las cuerdas le cortaban la carne. No sabía dónde estaba ni quién la había secuestrado, y el miedo la mantenía en un abrazo de hierro. Sintió manos ásperas agarrar su cuerpo y le quitaron la venda. Al parpadear bajo la luz brillante, vio el rostro de su captor. No lo reconoció, pero pronto él lo aclaró todo. Era el hermano del hombre al que Rachel había dejado plantado en el altar, y estaba decidido a llevar a cabo una reconciliación muy permanente y extremadamente dolorosa.
Recordando la naturaleza sádica de su hermano, Rachel gritó y redobló sus esfuerzos por liberarse, pero su captor era tan hábil con las cuerdas como su hermano, y escapar era imposible. El hombre la ató de forma inmovible, asegurándose de que no pudiera liberarse, y la dejó en el suelo, retorciéndose, forcejeando y babando sobre la mordaza mientras esperaba la llegada de su ex amante. Sabía que ahora era suya y que no habría forma de disolver esa unión.