La Villana Oscura Interroga a Calisa
No debería haber estado fisgoneando. Calisa es una detective que investiga un lugar embrujado, asociado con actividades oscuras y desapariciones. Mientras busca pistas, de repente una mano le tapa la cara con un paño desde atrás. Calisa es golpeada y arrastrada inconsciente. Despierta atada en el suelo de una habitación oscura, amordazada y con los ojos vendados. La villana aparece y le advierte que no debería estar metiendo las narices. Le quita la venda y le coloca un pañuelo grande en la boca, cubierto con cinta adhesiva. La villana se va y Calisa comienza a forcejear, logrando escapar de sus ataduras. Pero la villana la captura de nuevo. Ahora, solo con su sujetador y bragas, es llevada a una habitación de bloques de cemento. La atan a una silla, con los brazos atados atrás y las piernas abiertas, atadas a cada pata. La villana le confiesa que todo lo de las actividades oscuras era una tapadera: en realidad vende a las personas que desaparecen cerca de su guarida. La interrogatoria comienza, preguntándole por sus compañeros detectives, pero Calisa se mantiene en silencio. Le colocan una mordaza más agresiva, una pelota de espuma grande en la boca, también con cinta, y la villana apaga las luces y se va. Tras un rato, regresa, le quita la mordaza y le pregunta una última vez si hablará. Calisa sigue callada, es amordazada de nuevo y la villana le anuncia que su turno de ser vendida es el próximo. La deja atada en el suelo, amordazada y atada como un jamón, mientras Calisa piensa en su destino.