Lilith Atada como Cerdo: Tortura y Sumisión Sorpresiva
Lilith Atada como Cerdo Desnuda
Mientras yacía en el suelo, con el cuerpo adolorido y la baba escurríndole de la boca amordazada, intentaba reconstruir cómo había terminado en esa situación. El día había sido perfecto: un ascenso en el trabajo, una cena encantadora con amigos. Todo cambió al entrar a su casa. Alguien la esperaba. No sabía quién, pero en ese momento no importaba. El desconocido la abrazó por detrás, tapándole la boca con una mano. Estaba demasiado asustada para gritar. Si lo hubiera hecho, quizá no estaría en ese aprieto. La sobrepasaron, la desnudaron y la ataron con cuerdas brutalmente anudadas. Su cuerpo quedó doblado en una posición de cerdo, retorciéndose todo lo que podía. La boca le llenaron con goma, sujeta hasta el límite por una correa de cuero con ranuras, y el corazón le latía con fuerza en la cabeza. Hasta los dedos de los pies fueron atados, estirados con dolorosa severidad hacia la atadura. No había esperanza de soltar los nudos que la inmovilizaban, no con las manos pegadas y convertidas en un muñón inútil. No podía hacer nada para aliviar el dolor ni preservar su pudor, mientras el frío de la habitación le erizaba la piel. Su coño depilado quedaba completamente expuesto mientras luchaba por encontrar una posición más cómoda. Sus pequeños senos rozaban la alfombra, los pezones irritándose dolorosamente.
Su agresor regresó, le quitó la mordaza solo para rellenarle la boca con una masa esponjosa que de inmediato fue asegurada con múltiples vueltas de la cinta más pegajosa que jamás había sentido. Le colocaron una venda en los ojos, sumiéndola en la oscuridad. No había escapatoria de su infierno, aunque lo intentó, Dios sabe que lo intentó. Se dio cuenta de que no podía hacer nada más que esperar a ver qué le deparaba el destino, y en el fondo sabía que no sería nada bueno.