Los celos de Sarah al descubierto
Sarah Brooke es vecina del casero y vive justo al lado. Resulta que Sarah está encendida con él y desde el principio se nota que lo persigue, siempre coqueteando. El hombre se gana la vida trabajando con modelos fetichistas femeninas. Sarah ve pasar a jóvenes y hermosas chicas y siente una enorme envidia. Intrigada por lo que el hombre hace con esas mujeres, Sarah se viste provocativamente y va a su puerta a confrontarlo. Al llegar descubre cámaras y luces de estudio instaladas, y varios rollos de cuerda esparcidos. Exigiendo saber qué ocurre, el hombre dice que es fotógrafo, pero Sarah no le cree y le obliga a explicar la cuerda. Él accede y, poco después, la ata fuertemente con cuerdas. Sarah se enfurece y pide que la desaten, amenazando con denunciarlo al casero para que sea desalojado. Cansado de sus quejas, el hombre le coloca una mordaza y le cubre la boca con cinta. Mientras lucha, le baja el top y el sujetador, dejando al descubierto sus enormes pechos. Comienza a fotografiarla y ella suplica que no muestre las fotos. El hombre la obliga a hacer humillaciones, como saltar sobre la mesa y doblarse para que vea su culo. Por extraño motivo, eso excita a Sarah y se vuelve cada vez más excitada. Ya no le importa lo que él haga, siempre que termine tirándole la ropa interior para divertirse. Cuando le aprieta una cuerda contra la entrepierna, piensa: “¡Vaya, esto es casi tan bueno!” No tarda en llegar a su primer orgasmo atada.