Los Secuestradores Misteriosos – La Pesadilla de Cherry
Cherry se hace una enemiga
Cherry no tenía ni idea de cómo el tipo la había encontrado ni qué había hecho para merecer su ira. Tal vez lo había dejado plantado en el tráfico. Quizás se lo cruzó en la calle y no le devolvió la sonrisa. O tal vez cometió el pecado capital de ser una chica atractiva que no le correspondió.
Ahora era suya, atrapada en una red de cuerdas que le inmovilizaban los miembros y la dejaban indefensa ante sus planes. Su boca quedó sellada bajo su mano, que solo la soltó el tiempo suficiente para rellenarle la boca con un horrible empaque que ahogaba sus gritos. Sintió la sensación extraña de que le pegaban cinta adhesiva en la mejilla y enseguida la enrollaban una y otra vez alrededor de su rostro, aplastándole los labios contra los dientes y cerrándole la boca para siempre, eliminando por completo cualquier esperanza de escupir el empaque. Mientras se retorcía, sintió cómo la cuerda le apretaba el coño. Era insoportable, pero ¡debía escapar! Ninguno de sus forcejeos aflojó ni un poco las ataduras, y quedó allí, indefensa, mientras su cuerpo era arrastrado hacia una cruel atadura de cerdo. ¡No había escapatoria!