Medias de Seda y Lucha – Ren Atada y Escapando
Ren Smolder llega a casa tras un largo día de trabajo. Se sienta en un taburete del bar con las piernas cruzadas y hace una llamada a su amiga. Se sube la falda lápiz para mostrar sus largas piernas envueltas en medias de seda estilo cubanas. Sin sospechar el peligro que la espera al otro lado de la puerta de su habitación. Al entrar, unas manos poderosas la agarra por detrás. Intenta gritar, pero un trapo empapado se presiona con fuerza sobre su nariz y boca. Ren lucha en sus brazos mientras el químico hace efecto. Se debate en la cama con sus largas piernas pataleando en el aire. Sus ojos se enloquecen sobre el trapo antes de que se le revuelvan en la cabeza al sucumbir a los vapores. Despierta más tarde en su cama. Intenta moverse, pero siente las cuerdas apretadas clavándose en la carne blanda alrededor de sus codos y muñecas. Ren intenta gritar, pero sus alaridos son ahogados por un trapo grande metido hasta el fondo de su boca y sellado con capas de cinta adhesiva blanca. Se debate sin esperanza en la cama, escuchando al intruso. Al no oír nada, se levanta con dificultad y, con las manos atadas, intenta abrir la puerta de su habitación a trompicones. Asoma la cabeza al salón y, al no ver a nadie, sale sigilosamente hacia la puerta principal. Ren forcejea con el pomos y el cerrojo con sus dedos entumecidos. Desesperada, intenta que sus manos cooperen, pero no escucha al bruto acercarse por detrás. La agarra y la arrastra lejos de la puerta. Ren es empujada de nuevo a su habitación. La tira sobre la cama y, antes de que pueda darse la vuelta para patearlo con sus tacones de aguja, se pone encima de ella. Le agarra las piernas largas y cruza sus tobillos, atándolos con cuerdas para mantenerlos separados. Con más cuerdas, ata sus tobillos cruzados a sus manos en una atadura de Jabalina cruelmente ajustada. Luego, envuelve las cuerdas alrededor de sus antebrazos, apretando aún más sus codos ya atados detrás de la espalda. Le susurra al oído todas las cosas sucias que planea hacerle con su cuerpo indefenso. Ren grita de terror contra su mordaza mientras él se levanta y la deja sola en la cama. Promete que no tardará en volver y que, cuando regrese, comenzará la fiesta. Ren tira de las cuerdas, pero es inútil. No va a ninguna parte. No hay escape.