Rachel y el dolor de la bomba de vacío: tortura extrema
Rachel, atada en un brutal chickenwing con los codos aplastados contra una barra horizontal y las manos unidas tras la espalda, se retuerce en un diminuto bikini azul sobre un taburete bajo. Gime y suplica a través de una gran bola roja en la boca, bloqueada tras sus dientes. El Hunter le saca las tetas del top del bikini y coloca dos bombas de vacío sobre sus pezones, girando las manijas para extraer todo el aire. Rachel llora, suplica y grita a través de la mordaza mientras sus pobres pezones y tetas son succionados hacia el interior de los tubos, hinchándose y palpitando de dolor. Le ata una cuerda alrededor de su estrecha cintura y la pasa entre sus piernas, hundiéndola profundamente en su coño cubierto de spandex, empujando el fino material del bikini contra su chocho. La cuerda del coño se sujeta a una cadena que cuelga de una polea en el techo. Mientras Rachel suplica y llora en éxtasis, presiona el botón del cabrestante y la levanta lentamente hasta formar un arco de espalda forzado, apoyando los hombros contra la barra horizontal. Sus piernas tiemblan y se estremecen bajo el esfuerzo de mantener el arco para evitar que la cuerda le corte más el coño. El Hunter retira las bombas de vacío y contempla satisfecho sus pezones hinchados, llenos de fluido, erguidos y palpitantes de dolor. Luego, le ata unas finas cuerdas de cuero alrededor de la base de los pezones y las tensa. Las cuerdas se clavan profundamente en la base, haciendo que los pezones se hinchen aún más y adopten forma de hongo. Las cuerdas de cuero se atan a una soga sujeta a la pared y se tensan al máximo. Rachel llora y suplica a través de la mordaza mientras sus pobres pezones hinchados y palpitantes son estirados hacia la pared. La deja sola para sufrir su brutal atadura, mientras la cuerda del coño se hunde más en su vagina y sus pezones hinchados son estirados hacia la pared.