Rosie gimnasta – Atada, amordazada y forcejeando
Rosie – Atada con sus mallas sucias
Rosie había pasado una tarde agotadora en el gimnasio. Al llegar a casa, solo quería quitarse el maillot y las mallas para descansar, pero el ladrón que registraba su apartamento tenía otros planes. La empujó bruscamente contra la cama, le ató manos y pies con sus propias mallas sucias, sacadas directamente del cesto de la ropa sucia, ¡y metió otro par en su boca! Tosiendo y escupiendo al probar el sudor salado y rancio que se había acumulado en ellas, intentó pedir ayuda, pero el extraño le apretó aún más la mordaza con otra malla antes de dejarla en silencio y forcejeando sobre la cama. Intentó liberarse, las mallas le cortaban la piel, pero fue inútil. Sin saber exactamente dónde estaba el intruso, saltó de habitación en habitación en el apartamento, buscando libertad y esperando que se hubiera ido, pero en el fondo temía toparse con él. La mordaza era demasiado efectiva, como descubrió al llegar a su teléfono móvil y no poder hacerse entender, robándole así cualquier posibilidad de rescate. Con amargura, Rosie se dio cuenta de que, aunque creía que su entrenamiento había sido agotador, ¡ESTE entrenamiento era mucho peor!