Sadie Holmes atada de codos y tacones en la guarida del Cazador
La arisca Sadie, de piernas interminables, es invitada a la fiesta del Cazador para ser el entretenimiento. Sin sospechar lo que él planea, llega vestida con un ajustadísimo vestido negro brillante y unos tacones de aguja de seis pulgadas. Pero pronto descubre su destino: sus brazos son atados fuertemente a la espalda con correas de cuero, los codos aplastados uno contra otro. Con las manos inmovilizadas y balanceándose en los incómodos tacones, se queja y patalea mientras el Cazador le ajusta otra correa alrededor de su estrecha cintura y brazos, comprimiéndola aún más y fusionando sus extremidades a la espalda. Luego, le envuelve otra correa por encima de las rodillas, uniendo sus piernas de forma implacable. Sadie sigue protestando hasta que el Cazador mete una correa entre sus piernas, hundiéndola profundamente en sus bragas rojas de encaje. Sus ojos se abren de par en par cuando saca un arnés de cabeza con mordaza de pelota roja. Intenta escapar, pero con las rodillas atadas, no llega lejos. Sus quejas son silenciadas al meterle la gran pelota roja en la boca, forzando su mandíbula a abrirse dolorosamente antes de ajustar todas las correas, bloqueando la pelota entre sus dientes. Luego, sujeta una cadena que cuelga del techo del gazebo al anillo del arnés para evitar que se mueva. Sadie sigue gimoteando, protestando y quejándose a través de la mordaza mientras sus delgados tobillos son atados con otra correa de cuero. El Cazador sigue ajustando todas las correas alrededor de su diminuta cintura, diciéndole que será dejada atada toda la fiesta como centro de atención. Sadie sigue forcejeando, pero no puede hacer nada mientras él baja el escote de su vestido para exponer sus pezones duros y sus tetas. La deja atada e indefensa para prepararse para sus invitados. Sus pobres pies ya le duelen con los locos tacones de aguja, pero no puede hacer nada al respecto. No sabe cuánto tiempo piensa mantenerla atada y amordazada, pero sus fiestas suelen durar hasta altas horas de la noche. Llora de frustración y mueve su cuerpo, pero está completamente inmóvil entre las apretadas correas de cuero.