Smittens Surrender: Placer Vulnerable y Expuesto
Perséfone toma el control de Smitten. Logró que Smitten estuviera justo donde quería: atada a una mesa, con la boca sellada con cinta y completamente a su merced. Smitten estaba vulnerable y expuesta a cualquier cosa que su novia decidiera hacerle. Perséfone comenzó con caricias dulces y palabras amables, pero pronto el instinto sádico la dominó y obligó a Smitten a oler sus pies apestosos. Incapaz de moverse, Smitten aceptó todo lo que Perséfone le diera. Con ternura, Perséfone apartó el pelo de la cara de Smitten y tomó un vibrador para recompensarla por su buena conducta. Smitten se retorcía mientras el vibrador la estimulaba. Perséfone se cernió sobre ella y le plantó los pies en la cara mientras la penetraba. ¡Smitten estaba destrozada entre el tormento y el placer! Perséfone decidió que su cautiva ya había tenido suficiente placer por el momento y se sentó para frotar sus pies por toda la cara de Smitten otra vez. Smitten parecía aliviada cuando su domina dejó de frotarle los pies malolientes en la cara, pero Perséfone tenía un nuevo plan… ¡iba a asfixiarla con su culo! Perséfone se sentó sobre la cara de Smitten, se movió y se levantó, ordenándole que respirara antes de volver a sofocarla. Como buena domina, Perséfone sacó de nuevo el vibrador para torturar a Smitten. Esta gimió de placer ante la atención que recibía de su pareja. Pero Perséfone no había terminado de atormentarla: dejó el vibrador a un lado y comenzó a hacerle cosquillas. Pobre Smitten, indefensa, soportó todo lo que su domina quiso, como debe hacer una buena sumisa. Finalmente, Perséfone decidió darle el alivio que tanto anhelaba. Se sentó a horcajadas sobre la cara de Smitten, activó el vibrador en las zonas correctas hasta que esta tembló y quedó satisfecha. Perséfone le dijo que la dejaría atada hasta que ella decidiera liberarla y se alejó. Smitten luchaba en su éxtasis postorgásmico, preguntándose si podría liberarse o si la dejarían atada a la mesa toda la noche.