Subasta de Esclavas: El Viaje de Lilith a la Sumisión
Lilith nunca antes había asistido a un evento de bondage y pensó que la «subasta de esclavas» sería un simple juego benéfico. Pero el hombre que la compró iba en serio, y ahora la pobre chica es su prisionera: desnuda, atada, amordazada y aterrorizada. Su actitud desafiante solo logra que su nuevo dueño le levante los brazos por detrás de la espalda en un strappado, dejándola completamente indefensa. Como parte de su entrenamiento, debe repetir una y otra vez la frase: «Soy la esclava de mi amo». La mordaza que le estira la mandíbula convierte sus palabras en un balbuceo húmedo y confuso, y la baba que chorrea de su boca y resbala por su cuerpo hasta su coño desnudo y expuesto le recuerda que, a partir de ahora, es suya y que la libertad es cosa del pasado. Mientras aguanta, con los brazos ardiendo por el esfuerzo de la postura, se pregunta cuánto tiempo podrá resistir antes de rendirse, sabiendo en el fondo que esta es una batalla que, literalmente, está condenada a perder.