Vanessa Luxx aprende a las malas en el Lair de Hunter – Atadura y cosquillas
Vanessa Luxx, una gorda consentida, aprende su lección de la forma más dura. Con las manos atadas a la espalda y las rodillas unidas, Hunter la empuja hacia el salón. La obliga a sentarse en el sofá y comienza a quitarle sus botas de montar de cuero. Vanessa sigue quejándose y exigiendo saber por qué le quita las botas. Una vez descalza, Hunter le arranca los calcetines y los amontona en su mano. Harto de su actitud, mete ambos calcetines en su boca grande. Luego, envuelve una venda elástica blanca entre sus labios y la ata fuertemente alrededor de su cabeza para mantener los calcetines bien metidos. La levanta del sofá y la pone de rodillas, le ata el pelo en una coleta con una cuerda antes de tumbarla en el suelo. Con un hilo fino, ata sus dedos gordos de los pies, uníndolos fuertemente mientras Vanessa se queja y proteste contra su mordaza. Cuando sus dedos están bien atados, la voltea boca abajo, le agarra el pelo y tira de su cabeza hacia atrás mientras amarra el extremo del hilo a la cuerda de su coleta. Los piececitos gordos de Vanessa se arquean al ser sus dedos arrastrados hacia su pelo, obligándola a mantener el cuello doblado hacia atrás para evitar que el hilo le apriete más los dedos. Pobre Vanessa apenas puede moverse o respirar con el pelo atado a sus dedos. Pero entonces Hunter comienza su verdadero castigo: cosquillearle los pies atados y arqueados. Vanessa grita contra su mordaza mientras las plantas sensibles de sus pies, fuertemente arqueados, son cosquilleadas con sus dedos. Sus gritos se mezclan con risas incontrolables mientras sus pies son cosquilleados sin piedad. Para su horror, escucha el sonido de un pequeño motor eléctrico, pero no puede girar la cabeza para ver de dónde viene. Se sobresalta y tira de sus dedos cuando una cepillo giratorio pequeño es aplicado a las plantas de sus pies. Vanessa grita y se ríe sin control mientras las plantas de sus pies arqueados son sometidas a las cerdas suaves de nailon del cepillo giratorio. Hunter le hace cosquillas en ambos pies, uno con sus dedos y el otro con el cepillo eléctrico giratorio, hasta que apenas puede respirar o recuperar el aliento mientras le suplica a través de su mordaza que pare. Tira desesperadamente de las cuerdas que le atan las muñecas a la espalda, pero no puede escapar. No sabe cuánto más puede aguantar mientras suplica y roga a través de su mordaza. Finalmente, Hunter deja de hacerle cosquillas y le pregunta si va a cambiar su actitud de niña consentida. Vanessa está dispuesta a aceptar cualquier cosa con tal de que dejen de hacerle cosquillas. La deja sola en la estricta atadura de dedos a la coleta para reflexionar sobre sus fechorías.