Venganza BDSM: Nyxon Atada y Vibrada con Hitachi Remoto
Venganza de Shiny: Hitachi Remoto
Nyxon creía que había dejado a Shiny bien jodido… Pero no sabía que él tenía preparado algo para poner a prueba sus límites. Se coló en su habitación y, en silencio, comenzó a atarla a una silla con las piernas bien abiertas. Estaba tan dormida que ni el crujido de las cuerdas la despertó.
Una vez inmovilizada y expuesta, le colocó una mordaza para evitar que protestara o gritara. Nyxon siempre había sido una rebelde, pero esta vez estaba a su merced. Y él estaba decidido a hacerla pagar por todas las veces que lo había provocado.
Sacó el Hitachi, un vibrador potente que sabía que Nyxon odiaba. Le molesta ese dichoso vibrador, especialmente cuando la graban, pero a él no le importaba. Iba a hacerla retorcerse y no podría hacer nada al respecto.
Ignorando sus protestas y forcejeos, le presionó el vibrador contra su coño expuesto y mojado. Intentó zafarse, pero él solo se rio y siguió burlándose de ella. Podía ver la frustración y el enojo en sus ojos, y eso solo avivaba su deseo de hacerla sufrir.
Pero no se detendría ahí. Decidió llevar las cosas un paso más allá. Ató el Hitachi en su entrepierna y lo conectó a su control remoto. Con una sonrisa maliciosa, salió de la habitación a editar, dejando a Nyxon a merced del vibrador.
El resto de la tarde, encendía y apagaba el vibrador intermitentemente, escuchando desde la habitación contigua cómo el cuerpo de Nyxon reaccionaba a los repentinos estímulos de placer y luego frustración. Podía escucharla desesperada en sus gemidos, y eso solo lo incitaba a seguir con su venganza.
A medida que pasaban las horas, Nyxon se volvía cada vez más irritada, sus protestas se transformaban en gemidos y gruñidos de furia. Pero él solo se recostaba y disfrutaba del espectáculo, sabiendo que pensaría dos veces antes de volver a provocarlo.
La venganza es dulce, y no pudo evitar sentir una satisfacción enorme al ver a Nyxon forcejear y retorcerse en sus ataduras. Ella creía que era quien controlaba la situación, pero al final, era él quien tenía el poder. Y no temía usarlo para saldar cuentas.