Adara: Atada y Cargada – Aventura de Saltos con Cuerdas
Atada con una cuerda brutalmente ajustada, el Cazador lleva a Adara Jordin a la habitación cargada sobre su hombro, con las muñecas atadas a la espalda y los tobillos fuertemente unidos. Ella le suplica que la ponga en el suelo, pero él le dice que si lo hace, tendrá que saltar. Adara, dispuesta a aceptar cualquier cosa con tal de que la deje en el suelo, es colocada en sus tacones de aguja de seis pulgadas. Lucha por mantener el equilibrio con su ajustado vestido blanco de vinilo brillante y sus tacones altísimos. Él le ordena que empiece a saltar. Adara da un salto y se queda quieta, temiendo perder el equilibrio, pero el Cazador le exige que salte hasta el sofá. Cuando llega, la empuja boca abajo sobre él. Saca un trapo viejo del bolsillo, se lo mete profundamente en la boca y le sella los labios con varias capas de venda elástica negra apretada alrededor de la cabeza. La deja sola luchando en el sofá para ir a buscar más cuerda. Adara se arrastra al suelo y intenta escapar, pero no llega muy lejos. El Cazador regresa con más cuerda, la arrastra de vuelta al sofá, le agarra los brazos y le junta los codos detrás de la espalda antes de envolverla con una cuerda apretada alrededor de los brazos superiores, aplastando sus pobres codos. Ella llora y suplica entre sollozos por el dolor de tener los codos aplastados. El Cazador envuelve más cuerdas alrededor de sus antebrazos y luego pasa la soga entre sus tacones de aguja atados. Adara gruñe y llora mientras la ajusta en un estricto amarre de cerdo. Luego la levanta sobre las puntas de las rodillas y la aterroriza de nuevo mientras lucha por mantener el equilibrio en el brutal amarre. Finalmente, la empuja sobre el sofá y la deja sola, atada, amordazada e indefensa, sufriendo en la cuerda brutalmente ajustada.