Adara Jordin – Atada con Zapatos Elegantes
Adara Jordin despierta en su sofá con los brazos retorcidos detrás de la espalda y las muñecas fuertemente atadas. Sus piernas curvilíneas están unidas con más cuerdas y un trapo viejo le ha sido metido entre los labios y atado detrás de la cabeza. Lucha desesperadamente en el sofá, intentando liberar sus manos antes de que el bruto enmascarado regrese. Logra sentarse y, con el culo en el aire, se arrastra hasta el suelo. Mira hacia la puerta principal, sabe que debe llegar hasta allí para pedir ayuda. Pero las cuerdas apretadas le impiden moverse mucho, y entonces el ladrón regresa. Le exige la combinación de su caja fuerte, pero Adara se niega rotundamente a decírsela. El hombre le quita la mordaza y le advierte que las cosas se pondrán feas si no habla. Adara, desafiante, le dice que se joda. Furioso con su cautiva rebelde, el bruto le mete un pañuelo en la boca y vuelve a colocar la mordaza de hendidura para mantenerla bien adentro. Luego, le envuelve cinta americana alrededor de la boca y la cabeza, sellando sus labios. Saca otra cuerda y la interroga de nuevo, pero Adara sigue sin hablar, así que le ata la cuerda alrededor del cuello y lleva el extremo hasta sus tobillos atados. Le levanta las piernas, apretando la cuerda en su garganta. Adara se ahoga mientras él ata el extremo a sus tacones atados. La deja sola en el suelo, luchando sin esperanza. Adara se da cuenta de que ahora controla su destino: debe mantener las piernas dobladas para evitar que la cuerda alrededor de su cuello se apriete. Intenta agarrar la cuerda que va entre sus pies y su garganta con las manos atadas, pero sus dedos entumecidos no pueden sujetarla. Se ahoga con cada movimiento. El bruto regresa a la habitación y la interroga de nuevo, pero Adara sigue sin hablar, así que aprieta aún más la cuerda de cabra. Adara debe forzar las piernas para mantenerlas dobladas y evitar que la cuerda alrededor de su cuello se apriete más. No sabe cuánto tiempo podrá aguantar así, pero está decidida a no dejar que ese cabrón abra su caja fuerte.