Atada e Inocente: Peligros de una Visita a Domicilio
Izzabella Robbins – La Enfermera Desnuda
No tenía a nadie más a quien culpar. O al menos eso dirían algunos, pero mientras la sexy enfermera pelirroja yacía boca arriba en la cama, estirada y luchando contra sus ataduras, sus gemidos ahogados bajo capas de cinta que le sellaban la boca, ella no estaba de acuerdo. ¿Quién podría haberlo previsto? ¡El hombre parecía tan amable! Pero ahora, indefensa en su guarida, con las extremidades tensas y doloridas, las piernas abiertas de par en par, temía lo que vendría después. El hombre entró para apretar las cuerdas, estirándola aún más. Temblaba mientras, metódica y deliberadamente, le quitaba el uniforme, exponiendo su cuerpo desnudo. Se le puso la piel de gallina, pero no sabía, ni le importaba, si era por el frío del aire o por su propio terror. El estómago se le retorcía al pensar en lo vulnerable que estaba, con las piernas abiertas, la boca sellada y el coño completamente expuesto. ¡TENÍA que escapar antes de que el hombre volviera! Si algo había aprendido, era una lección muy importante: ¡NUNCA hacer visitas a domicilio!